Caldera Blanca

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Dificultad: Media. Muy pedregoso. Bajada técnica y rápida. Tipo de recorrido: Circular. Distancia: 11,23 kms. Desniveles: +416m/-416m. Tiempo (ritmo): 1h 7min (6:00 min/km). Lo mejor: Las vistas sobre Timanfaya desde la cima. Rutas cercanas: Parque Natural de Los Volcanes.

Comenzando la bajada tras la cima

El recorrido: Entreno en desnivel con ambiente espectacular

Si nos lleváramos por el sentido común, haríamos este recorrido caminando, no corriendo, porque es incómodo al principio por las piedras y peligroso en la bajada de la caldera. Pero como no sólo de sentido común vive el hombre, si lo corremos debemos tener en cuenta que es imprescindible llevar zapatillas específicas de trail, a ser posible con suela bien gruesa, y muy estables de cara a la bajada.

Estamos en un recorrido ideal para una carrera corta pero intensa, o para un entreno en series largas de subida y bajada. Para esto último, podemos dar tantas vueltas a la caldera como queramos, girando a la izquierda cuando hayamos completado la bajada para volver a subir, en vez de a la derecha para regresar al punto de partida.

El coche se puede dejar en el parking habilitado al efecto, y justo delante comienza el pedregoso sendero que nos llevará a la caldera. No tiene pérdida porque es literalmente imposible salir del camino: el malpaís nos rodea. El sendero es una buena oportunidad para practicar nuestros reflejos y la fortaleza de tobillos, porque como hemos dicho es pedregoso.

En general durante el trayecto nos encontraremos con algunas bifurcaciones que a veces no son más que duplicaciones del camino de pocos metros de longitud. En cualquier caso, la pauta es coger siempre la opción de la derecha, excepto cuando pasamos el panel explicativo titulado “Rofes”, tras el cual veremos una desviación a la izquierda, que es el inicio de la subida a la caldera.

De vuelta vigilando los tobillos...

El lugar: Un volcán distinto a otros…

En cualquier guía de seguridad en el hogar aparece este consejo: nunca intentes apagar un incendio en una sartén llena de aceite echando directamente agua sobre el fuego. El agua entrará en ebullición casi instantáneamente, creando en centésimas de segundo muchísimo vapor, que como todo gas se expandirá todo y lo más rápido que pueda… En definitiva, una explosión de agua hirviendo y aceite que quemará al incauto.

Algo similar sucedió en el origen de Caldera Blanca. Paradójicamente tratándose de una isla, hablamos de uno de los pocos volcanes hidromagmáticos de Lanzarote. Es decir, un volcán en el que el magma se encontró con agua en su camino a la superficie. Pero lo que en la sartén era un fogonazo y algunos litros de agua y aceite por los aires, en este caso fueron colosales detonaciones que arrojaron miles de toneladas de rocas a cientos de metros, dando como resultado el mayor cráter de la isla de Lanzarote.

Otra pista del origen “acuático” del volcán es el color claro que le da nombre, producido por las reacciones químicas entre la lava y el agua del mar. Esta coloración destaca aún más en contraste con las negras lavas que lo rodean procedentes de las erupciones de Timanfaya, en el S.XVIII, mientras que la erupción de Caldera Blanca sucedió hace cerca de dos millones de años, cuando en África los primeros monos comenzaban a ponerse derechos…

Antes de Timanfaya, a Caldera Blanca la rodeaban algunas de las tierras más fértiles de la isla, que quedaron sepultadas para siempre después de aquello. Como recompensa, las erupciones nos dejaron un paisaje de belleza negra y brutal, de esos que no cabrán nunca en una foto. Hay que ir allí para verlo. ¿Y por qué no corriendo?

* Entra en Wikiloc para descargar la ruta (track de excursión a pie cortesía de Murdock1977)

Fotos: Patrick Müller.

Entrada publicada el 5 de Febrero de 2015